

Salí después de la siesta. Mi padre estaba haciendo un ruido infernal con el motor en cuestión, dentro de un bidón llenó de agua dulce. Lo estaban poniendo en marcha, no parecía que funcionara demasiado bien porque de vez en cuando se paraba. Me fui para casa de Raquel y llamé a la puerta. Debían de estar haciendo la siesta porque era la única caseta con la puerta cerrada. Otra chica un poco mayor que ella, abrió.
-Hola, está Raquel?
-Raqueeeeeeeeeeel -grito la chica mirando para dentro- Te buscan.
Al momento, salió Raquel sonriente y fuimos paseando hacia las rocas de la playa para sentarnos a charlar.
-Es mi hermana, Anita. Es demasiado mayor para venir con nosotras -dijo poniendo los ojos en blanco- Le gusta Albert, ¿lo conoces?
-¡No! -dije con la cabeza.
-Es el mayor de todos los jóvenes aquí, pero ¿qué quieres que te diga…? O tiene novia o la cabeza en otros lados porque no le veo muy interesado. Hace dos años que se sacó el carnet de conducir y sólo piensa en pedirle el coche a su padre pero éste le teme y no para de darle largas -dijo sonriendo maliciosa- Voy a tenerte que poner al corriente de todo. ¡Somos muchos!.
-Albert tiene dos hermanos -prosiguió- Jordi, un chico rubio con el pelo alborotado al que le gusta el surf… –Me dio un respingo el corazón-. ¿Qué pasa? ¿Lo conoces? ¿Es guapo eh?? -sonreí sin contestar– ¡jajajaja! -rió Raquel- Nos tiene enamoradas a todas. A la arpía de Sandra también. Esa mejor que no la conocieras pero no vas a tener más remedio. Es odiosa.
-Creo que ya la conozco -dije apenada.
-¿Sí? ¿y a sus amigas Noemí y Mercè? ¡Menudo trío! Se pasean por aquí con aires de grandeza. Como si fueran “lo más de lo más”. Sandra va detrás de Jordi como loca. Y a él parece que le gusta. Es que la condenada es muy guapa y encima sabe conquistar a los chicos. Si al final acaban juntos, ¡me va a dar una rabia…!
Al resto ya los irás conociendo poco a poco. Por ejemplo, Mercè tiene un hermano mellizo, Xavi. Su madre los tiene super mimados ¡así ha salido la nena! ¡Que no le puedes decir nada, que ya tienes a su madre defendiéndola! Noemí es diferente, a veces incluso se puede hablar con ella pero cuando va con las otras dos, es inútil intentarlo. Son todas como uña y carne.
Estuvimos de charla toda la tarde. Era un sitio ideal para hacerse confidencias. El vientecillo marino nos refrescaba del calor veraniego y los cimientos blancos del restaurante de la urbanización, nos hacían sombra. No nos dimos cuenta y se hizo la hora de cenar. Prometimos que después iríamos a ver las estrellas. Raquel y yo nos entendíamos a la perfección. Por fin había logrado encontrar un alma gemela. Una persona con mis mismos valores y aunque no en todo pensábamos igual, no resultaba un problema.
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