Episodio 2 (Susana)
Rafael está a punto de llegar. Hace tiempo que no lo veo.
La última vez fue el día de las firmas de su novela. Había mucha expectación. La vez que más gente ha acudido. Me alegré por él. La verdad es que no era de extrañar. Esa fascinación que sentimos las mujeres al verle es normal que traspasara el papel a través de sus letras.
Han llamado al timbre, voy a abrirle la puerta intentando no demostrar demasiada emoción. Lucas hace bromas sobre lo que siento por él pero sé que en el fondo se siente algo celoso. Rafael y yo siempre nos hemos llevado bien. Es verdad que no puedo negar su influencia. Mi cuerpo funciona libre, por su cuenta, no atiende a la razón, siento calor si se me acerca mucho, me sonrojo y suspiro al rato de quedarme sin respiración. No lo puedo evitar pero a Lucas lo quiero con locura. Es la otra parte de la balanza, lo que me equilibra. No podría prescindir de él.
Abro la puerta y ahí está él, con su camisa blanca impoluta y sus pantalones gris oscuro. Dos botones de la camisa abiertos. Sus ojos brillantes tan verdes como siempre. Me sonríe, creo que está contento de verme. Le voy a dar dos besos pero, él me coge entre sus brazos y me abraza.
Su aroma me invade la nariz y el resto de mi cuerpo siente burbujitas. De reojo, veo en la otra acera dos chicas que nos miran. Una de ellas, hace un gesto de sincera aprobación, haciéndome entender que me envidian. ¡Si ellas supieran!
-¡Cuánto tiempo Rafael! ¡Qué alegría verte! -le digo al separarnos.
-La alegría también es mía. Espero que Lucas te esté tratando bien porque si no, te pediré matrimonio -comenta sonriendo y pienso que afortunadamente no lo dice enserio porque yo no sería capaz de ser razonable.
-Pues creo que será la única forma de pasar por el altar porque él no se decide -disimulo.
-Seguro que es porque cree que le vas a decir que no -seguimos con el cachondeo, mientras Lucas se acerca por el pasillo escuchando toda la conversación.
-No me pinchéis más que como siempre, me doy cuenta de que sobro. Siempre estáis maquinando a mi costa.
-Venga, dejémonos de cháchara que no quiero ponerle en un brete. Veamos a ese chico que quiere ser un seductor -dice siguiendo con el cachondeo como si fuera un cazatalentos.
– ¡Echaba de menos tu humor, Rafael! -comento.
-Afortunadamente que no lo tenemos aquí todos los días o me pedías el divorcio antes de habernos casado -me dice Lucas bromeando.
-Está en el aula de arriba -le indico.
Subimos por la minimalista escalinata de hierro. La decoración del local es bohemia y colorida. Recuerdo cuando Rafael vino a ayudarnos una semana para acabar las obras. Tuvimos que rebajar el suelo porque no nos daba la altura legal. Acabábamos de comprarlo y no teníamos pasta para nada más. Así que sin tener ni idea, nos decidimos a hacerlo nosotros mismos. Rafael supo ayudar sin hacernos sentir incómodos. Podía habernos ofrecido dinero y nos habríamos sentido humillados pero en cambio, prefirió venir con ropa vieja y echarnos físicamente una mano.
Creo que fue la semana que más babeé de mi vida. Llevaba unos vaqueros viejos que se iban rompiendo al pasar de los días por las rodillas hasta acabar en pantalones cortos y como era el mes de junio, y en Barcelona suele ser el más caluroso del año, para la parte de arriba llevaba una camiseta de tirantes, estrechita, que me gritaba “arráncame de una vez”. Fue una prueba de fuego para Lucas y para mí. No llevábamos mucho tiempo juntos aunque nos habíamos embarcado en una aventura importante al querer abrir una escuela de escritores. Y quizás, eso fue lo que me mantenía cuerda porque ver a Rafael en aquella situación era una tentación muy poco soportable.
Entramos en el aula donde nos espera U-Jin. Es un joven tan alto como Rafael, con los ojos rasgados orientales y el rostro triangular. Su pelo lacio y negro, mitad recogido en un moño y el resto suelto sobre los hombros. Le ofrece la mano seriamente sin bajar la mirada. Rafael se la estrecha y a mí se me caen las bragas al ver tanta camaradería entre dos tipos que harían perder la cabeza a cualquier mujer del planeta.
-¡Hola! Soy Rafael.
-¡Hola! Yo, U-Jin. Lucas me ha dicho que podrías ayudarme.
-¿Estás seguro de que quieres dedicarte a esto?
-Quiero intentarlo -afirma.
-La desesperación no es una buena consejera.
-Lo sé, no estoy desesperado, sólo quiero un cambio, un poco de éxito y dinero. Lo de escribir no parece ser lo mío.
-Es normal, te cuesta el idioma- comenta Lucas-, pero no te falta imaginación.
-Bueno, pues si tan decidido estás. Pongámonos manos a la obra. ¡Quítate la camiseta! – le pide bruscamente.
Yo me quedo con la boca abierta. No es algo propio de Rafael tratar a alguien así, al menos no a una mujer, quizás entre hombres es algo más habitual. Aun así, veo más propio de él que le esté poniendo en un aprieto para asegurarse que está convencido de lo que quiere hacer. Rafael ahora es abogado y tiene muchos casos y mucho trabajo, no sería justo que le hiciera perder el tiempo y seguro que tampoco le pasará su cartera de clientas si no está muy convencido de a quien les presenta.
Cuando U-Jin, se coge de la camiseta decidido a quitársela estoy a punto de desmayarme y prefiero hacer mutis y desaparecer, hago el gesto de salir por la puerta mirando el suelo, pero Rafael me frena tomándome de la mano.
-¡No te vayas! Va a desnudarse ante mujeres desconocidas. Si tú sientes pudor, imagínate él.
Le miro a los ojos cohibida, y también a U-Jin que por un momento se ha quedado en espera con la camiseta a medio subir, sólo dejando ver sus abdominales. Decido quedarme y acaba con su acción. U-Jin no titubea. Se la quita en un solo movimiento. Su pelo negro y lacio cae pesado sobre su espalda desnuda. Abdominales marcados, músculos definidos. Tiene un buen cuerpo y a mí me entra mucho calor.
Rafael se acerca y le habla mirándole a los ojos.
-Estás muy seguro de tu cuerpo, pero esto no es tan fácil. No vas a tener sólo admiradoras. En muchas ocasiones, sólo serás un producto y veremos cuánto de seguro te sientes entonces, porque si no aguantas excitado lo suficiente, van a despreciarte y no cobrarás ni un euro. Procura asegurarte de que te digan lo que te digan, vas a ser un profesional, sino no me hagas perder el tiempo.
U-Jin asiente con la cabeza. Me he quedado sin palabras, impresionada con toda la escena
-Me parece que tú no me hubieras llamado nunca -reflexiona Rafael dirigiéndose a mí.
-Hubiera sido una situación muy tensa si fueras tú, pero no niego que alguna vez en las despedidas de soltera de mis amigas lo he pensado. Obviamente, no lo he hecho por Lucas. Hubiera sentido que le traicionaba. Pero es divertido saber que dominas la situación de forma egoísta con algo que no tiene ataduras ni cargos.
– ¿Y qué has sentido con U-Jin? ¿Te parece atractivo? -me vuelve a interrogar y yo me pongo en tensión, intentando medir muy bien mis palabras.
-Creo que es muy atractivo, serio, parece que tiene claro lo que hace y por qué lo hace, pero al ser joven, quizás pueda dar la sensación de más efusividad que control. Aunque con ese cuerpazo poco va a tener que hacer para que a las mujeres se nos caigan las bragas. No os lo toméis a mal -miro a Lucas y le advierto porque le conozco-. Lucas no hagas ahora una broma que voy a sincerarme y me está costando -continúo-. Rafael, tú siempre has sido un “completo”, personalidad, físico… Una te puede imaginar en ese momento sin que falles en nada. No es que me lo imagine, ¿eh? -Noto mucho rubor en mis mejillas- Bueno, ¡qué coño! ¡sí! ¡me lo imagino! Creo que tu aspecto, tus gestos, tu seguridad… están gritando que no vas a defraudar a nadie, que no sólo eres un cuerpo. Tienes una sensibilidad extraordinaria. Eres un hombre perfecto en todos los ámbitos, plural… -Lucas se remueve un poco nervioso- No me mires así, Lucas, que yo a ti además, te amo. Eres perfecto para mí, pero ahora mismo no estamos hablando de eso.
-No es mi intención crear un problema -comenta Rafael seriamente- pero U-Jin necesita escuchar esto. Tiene que saber que debe trabajar mucho y no sólo en el gimnasio.
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