Episodio 4 «Y ahora qué, seductor?»

Episodio 4 (Rafael)

Al siguiente día que me encuentro con U-Jin, vamos a dar una vuelta por el centro. Le he pedido que se vista como si saliera de fiesta a ligar.

Yo he hecho lo mismo, sólo que llevo una gabardina sobre un traje chaqueta. Lógicamente no ligaríamos en el mismo lugar porque él viene con una camiseta blanca bajo una chupa de cuero negra.

Me choca la mano y comenzamos a caminar por las ramblas de Barcelona. Unas chicas muy rubias y de ojos azules, seguramente turistas, se fijan en él. Él ni se inmuta, se ha distraído mirando un helicóptero que pasa sobre nuestras cabezas.

-¡A ver, tío! ¿Has venido tú solo o con tu distracción? Acabas de perder una buena oportunidad. Te has cruzado con unas chicas muy dispuestas. Sólo con que hubieras mirado a una de ellas se habrían parado a charlar contigo.

-Lo siento, disculpa. Tienes razón. Es que no suelo venir por esta zona y me ha llamado la atención el lugar. ¡Ya me centro, ya!

-Me gustaría ver de lo que eres capaz sino te importa.

-Ok, tranquilo. La próxima no se me escapa.

-Lo que acabas de decir aún me da más miedo. No son tus presas. Lo único que te pido es que les prestes atención.

U-Jin asiente.

Después de la charla retomamos la marcha. En la siguiente esquina, una mujer despistada topa con su cuerpo. Él le sonríe pero ella se fija en mí y me sonríe a mí.

-No vamos bien, lo sé -dice nervioso.

-No te preocupes, no vas a gustarles a todas. Eso es algo que debes aprender antes de empezar. Cada mujer es especial, diferente. No todas están preparadas para pagar por una relación, las hay que ni siquiera están preparadas para el amor.

-Eso ha sonado a resentimiento.

-¡Cierto! ¡Me has sorprendido! -estaba pensando en la mujer que me había llevado a perder mi trabajo de abogado y volcado a dedicarme a vender mi cuerpo por despecho, pero eso él lo desconoce por completo- Veo que eres capaz de empatizar. No está todo perdido contigo.

I-Jun asiente tímidamente orgulloso.

Después de ese “punto para él”, giramos una esquina y nos acercamos al registro civil.

-Tengo que hacer un trámite. Intenta no hablar demasiado y fijarte en las mujeres que hay. Después me dices quienes de ellas estaban interesadas en ti.

Nada más entrar la chica del mostrador se fija en los dos. Es joven, primero sonríe a U-Jin hasta que llego al mostrador y comienzo a hablar.

-Vengo a presentar los documentos judiciales como representante legal.

-Tiene que ir a la segunda planta -responde mirándome a los ojos.

-Gracias.

No quiero quitarle protagonismo a U-Jin así que intento ser más bien parco en palabras.

Se miran y se sonríen.

Parece que el chaval se ha llevado otro punto.

Repito la explicación en la segunda planta y nos hacen pasar a una sala de espera. A los pocos minutos, me llama por el nombre una mujer de unos treinta y poco desde el umbral de la puerta de su pequeño despacho. Tacones de aguja, camisa color rosa con dos botones desabrochados a la altura del pecho.

Ahora me toca a mí. Esto forma parte de mi trabajo y no puedo perder el tiempo. Necesito resolverlo sin tener que volver a desplazarme hasta aquí.

Alina (su nombre está escrito en una placa sobre su mesa), me escucha con atención, sentada en una silla giratoria detrás de su mesa.

Estos funcionarios siempre son duros de pelar, así que se me ocurre sacar la artillería. En mí…, se ha fijado. Está mirándome los labios, los ojos… Ha habido un momento que se ha fijado en la respiración de mi pecho. Vamos a hacer un tocado y hundido. Voy a aprovechar la compañía que me he traído.

-Mi compañero necesita registrar el nacimiento de su sobrina, ¿podrías indicarnos dónde tenemos que presentarlo?

La he tuteado sin que se diera cuenta y he logrado que se fijara en mi acompañante que se pone recto en su silla dejando que se le marquen los pectorales. Alina se fija muy bien en ellos.

-Planta tercera, si queréis os acompaño. Hay una cola de mil demonios y ya que habéis estado esperando por mí, os puedo colar con mi compañera.

-No te preocupes, primero iremos a comer que ya va siendo hora, pero necesitaría que estos documentos entraran hoy mismo en el registro.

-¡Por supuesto, claro que sí! Y si queréis un consejo sobre un buen restaurante, a dos calles hay uno que calidad-precio está genial. Es donde suelo ir yo a comer todos los días. Salgo en media hora -añade con mensaje implícito.

-¡Perfecto! ¡Muchas gracias por toda la ayuda!

Me levanto y le tiendo la mano. Ella me ofrece la suya y se la entretengo entre mis manos un poco más de lo normal. Ella me mira y noto un pequeño rubor en sus mejillas.

Salimos del edificio

-¡¡¡Ostras, tío!!! ¿¿¿Eso qué ha sido??? ¿A ti no se te resisten, no? ¿Has probado en un banco? -Comenta U-Jin.

-Me cuido bastante de cometer ilegalidades por si me acaba deteniendo un recio agente y se me cae el pelo.

-¡Eso no lo había contemplado!

-¡Pues deberías! Que puedas, no quiere decir que debas.

-¿Qué quieres decir?

-Es muy sencillo. En el terreno personal no creo que te guste que alguien haga algo que no querría hacer. Voy a enseñarte a manipular a una mujer, precisamente para que nunca lo hagas.

-Eso es una contradicción.

-Lo sé.

Después de una rato pensativo U-Jin añade…

-¿Yo tampoco he estado mal, no?

-Lo has hecho bien. Has contribuido a que fuera todo mucho más fácil y te aseguro que me podrían haber puesto muchas pegas porque estoy fuera de plazo.

¡Otro punto para el chico! ¡Hoy se va a la cama contento! Pero yo me replanteo lo que he hecho hace unos minutos. Posiblemente no debería haberme aprovechado de la situación, quizás no debería enseñarle a U-Jin cómo hacerlo. Algo de mi pasado ha vuelto a mi corazón. El despecho y el maltrato que recibí de algunas mujeres. Espero seguir manteniéndolo encerrado en la caja de Pandora. No quiero volver a ser el que era.


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