Episodio 9 «¿Y ahora qué, seductor?»

Episodio 9 (Caroline)

Nos hemos sentado para hablar del caso. La cafetería es algo parca en decoración, sólo es algo práctico que utilizan los abogados y jueces para desayunar. Imagino que los fines de semana está totalmente muerta. Hay mucho barullo y tenemos que levantar un poco la voz. Yo estoy sentada de cara a la ventana, cuando me quedo blanca como el papel al ver quién entra por la puerta.

-Es mi marido. Me ha encontrado -digo aterrada.

Rafael se gira levantándose, preparado para lo que imagina será una pelea igual que la última vez que se vieron.

Su cuerpo firme, recto, inquebrantable, me hace de muro porque se coloca delante de mí.

-¡Vaya! Así que has ido a buscarte al mismo incompetente de la última vez. Parece que no tengo nada de lo que preocuparme. Si no ganó entonces, aún menos ahora. -dice amenazante Bernardo, sin quitar la mirada de la de Rafael.

-Perdió por darte el puñetazo que tú te merecías -me atrevo a decir. No quiero pensar en que algo así pueda pasar porque es mi única salida.

Bernardo se ríe ruidosamente y la gente del bar hace el silencio.

-¿Has venido para algo más? ¡Lanza tus amenazas y lárgate! -responde Rafael.

-No hace falta que os diga lo que ya sabéis.

No cae en la trampa que le tiende Rafael, depende de lo que dijera tendríamos muchos testigos de la escena. Bernardo no es tonto pero al menos, se marcha obligado por la expectación.

Un hombre de mediana edad con toga se acerca a Rafael. Parece que se conocen.

-Uno duro de pelar, ¿no? Te acompaño en el sentimiento. Nuestro trabajo no está pagado por las veces que nos jugamos la vida -comenta dándole unos golpecitos en el brazo y saliendo del bar con cara de resignación.

Me dejo caer en mi silla de nuevo presa de la ansiedad por lo vivido. Mi corazón va rápido y me tiemblan las piernas. No sé qué cara poner y me pongo a llorar.

Rafael se me acerca y se agacha a mi lado.

-Caroline, no va a ganar -me dice con su voz tan acogedora como siempre-Ha venido a amedrentarnos porque tiene dudas, sino ni se hubiera molestado.

Él siempre ha logrado calmarme. Incluso en los peores momentos cuando Bernardo me amenazaba estando casada. Me propuso muchas veces que nos marcháramos pero siempre pensé que me merecía algo más después de todo lo que me había quitado. Es verdad que había logrado aumentar los beneficios pero era mi fortuna la que se había jugado y los beneficios se los puso a su nombre, dejándome a mí sin nada.

Y la pagué con Rafael. Fui muy tonta, pero estaba rabiosa, si a mí me habían robado y la justicia no me devolvía lo que era mío, es que yo también podría hacer lo mismo. No me salió bien, me sentí defraudada. Me di cuenta muy tarde de que Rafael no era el culpable y no debía pagar por mi frustración. La fastidié y me he sentido muy sola y muy asustada. Sólo quería esconderme, el problema es que la demanda que me ha puesto Bernardo, me ha hecho salir de mi escondite y necesitaba a alguien que me defendiera en un juicio. No podía recurrir a nadie más. No tengo dinero y Rafael es el único que conoce el tema y sabe lo injusto que es.


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