Cuando llegamos a la nave, hay dos tipos trabajando en un coche, cuatro vigilando y dos en la cabina delante de un ordenador. En cuanto nos ven, todos dejan lo que están haciendo y los cuatro vigilantes se acercan a nosotros.
-¿Qué necesitáis? -preguntan en italiano.
-Hemos venido a hacer un trato -le digo sin titubeos
-¿Y quién os manda?
-Ferrutti
-Esperad aquí -manda uno de ellos.
Se acerca a la cabina superior por unas escaleras metálicas y entra en la oficina. El hombre tras el ordenador lo mira serio y con cara de pocos amigos. Se levanta y baja hacia nosotros. Mientras aprovecho para decirle a U-jin en voz baja:
-Si ves algo raro, no me esperes, sal huyendo. Esos cuatro tipos van armados. Ve en dirección contraria. De lo contrario mantente firme hasta el final.
-Ok -asiente con la cabeza.
-¿Qué quiere Ferrutti? La última vez no acabamos bien. Me troleó varios miles.
-Bueno, él opina lo mismo pero al revés. Dijo que por tu culpa casi lo pillan
-¡jajajaja! Él siempre tan egoísta. Nosotros somos los que lo tenemos más jodido o es que se piensa que tener unas instalaciones no es algo que nos mantiene anclados. Va a tener que ser un ofertón porque sino ya podéis largaros de aquí.
-Eso también depende de ti, sólo vengo para llegar a un acuerdo. Tengo un cabrio aparcado allá fuera. Le echas un ojo y me dices lo que me pides.
-Tendré que acercarme.
-Ni lo sueñes, yo tampoco me fío de ti. Danos un precio aproximado. Si le parece bien a Ferrutti, te lo traeré mañana y podrás ojearlo mejor y discutirle entonces el precio.
El tipo se asoma y ve el coche reluciente con uno de esos nuevos colores metalizados tan actuales pero está lejos y no llega a leer la matricula, la idea es que no pueda buscar la información sobre su procedencia y darse cuenta de que todo es un engaño.
-¡Vaya! ¡Es de los nuevos!
-Eso es -afirmo haciendo rodar el anillo de mi dedo, ese que lleva toda la panda de Ferrutti.
-No te había visto nunca antes. ¿Eres nuevo? ¿Por qué debería fiarme de ti?
-No deberías, y yo tampoco de ti, según mi jefe. Si quiere hacer tratos contigo es porque le urge colocarlo, sino no volvería a tropezar con la misma piedra.
-En este negocio no hay mucho donde escoger y somos de los mejores. Así que no me vaciles. Te doy la mitad de lo que saque y lo coloco yo.
-El trato no era ese. Está colocado, sólo tienes que cambiarle el número de bastidor.
-¡Ni hablar! El trabajo entero o nada. No hay más que hablar -sentencia con la seguridad del que no va a cambiar de opinión. U-jin se mueve un poco, está nervioso pero aguanta.
-Lo hablo con Ferrutti y si le interesa, mañana estamos aquí con el coche.
-Bien, pero ya puedes decirle que si no venís mañana que no vuelva a contactarme o saldréis de aquí con más metal que el que lleva el coche.
Se gira para volver a la garita, los cuatro pirados nos miran con cara de malos amigos. Es el momento de desaparecer.
Miro a U-jin, le hago un gesto con la cabeza para que nos vayamos.
Al llegar al coche, U-jin suspira.
-No sé cómo has conseguido meterte ahí.
Ferrutti está en la cárcel y está hablando por los codos para que lo defienda en el tribunal, sólo he aprovechado la ocasión
-Estás como una regadera. Nos podrían haber matado.
-Tienes razón, no debería pedirte esto. Mañana todo acabará, pero tienes que volver conmigo y aguantar o no lograremos salir vivos.
-Pero es un suicidio volver mañana. ¿Le vas a dar el coche?
-Se lo voy a hacer creer.
-Eso todavía me parece más peligroso. Si no se lo das, también nos matará, ya le has oído.
-¡Tranquilo! No vendremos solos.
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