Episodio 5 (U-Jin)
Rafael me ha pasado algunas de sus clientas. Según él, para empezar.
Imagino que serán las menos exigentes pero estoy de acuerdo.
Comprendo que se juega su nueva vida si le causo problemas, y agradezco el esfuerzo que está haciendo.
Pero cuando llego al apartamento que me ha indicado, y una chica joven me abre la puerta, cambio de opinión. No me ha dado las poco exigentes, me ha dado las jóvenes, así que me lo ha puesto muy fácil pero no en el sentido que yo me esperaba. La chica es muy atractiva.
Lo cierto es que no tengo que hacer nada porque sin mediar palabra me coge del cuello de la chaqueta y tira de mí entrándome al recibidor.
Se aprieta contra mi cuerpo, me coge de la nuca, intercalando sus dedos entre mi pelo y me acerca para besarme. Me muerde los labios y mete su lengua en mi boca buscando la mía. No sabía que las cosas iban a ser tan rápidas.
Estoy perplejo, sin poder reaccionar pero se me empina enseguida. Así que, cuando echa mano de mi bragueta, no tengo nada que esconder o mejor dicho, el bulto es demasiado grande para que pudiera esconderlo.
Me desabrocha el cinturón y me baja la cremallera. Si no fuera por el cinturón y los botones de la camisa que hacen que se entretenga un poco, estaría desnudo en un instante. Me dejo hacer sin oponer resistencia porque entiendo que eso es exactamente lo que quiere.
Cuando me deja solo con el bóxer es cuando me decido a frenarla y tomar las riendas. Para ser mi primera vez, no quiero tener que hacerlo dos veces y si acaba muy pronto, nos va a sobrar demasiado tiempo, no creo que quiera jugar a las cartas mientras tanto.
Así que la cojo de las manos y se las pongo por encima de su cabeza, empujándola contra la pared. Cuando la tengo aprisionada, acerco mi pelvis a la suya, para que sienta mi dureza.
Ella suspira, es la primera vez que oigo un sonido aparte de sus besos.
Con una mano aguanto sus muñecas y con la otra bajo hasta sus pechos, acaricio uno de ellos por encima de su ropa. Ella vuelve a suspirar cuando al percibir que se marca su pezón, lo aprisiono con firmeza con los dedos.
Parece que le gusta el sexo fuerte, a mí también. Bajo mi mano hasta su minifalda y se la levanto para llegar con mi mano hasta sus bragas que ya están muy mojadas. Paseo mis dedos sobre la tela…, otro suspiro. Ahora más fuerte, aprieto mi mano y deslizo mi dedo anular siguiendo el surco de sus labios. Aparto la tela de sus braguitas hacia un lado y ella separa las piernas mordiéndose el labio.
Yo también se lo mordería. Me está atrapando una locura de excitación.
Ahora ya sin nada que me moleste, entro mis dedos entre sus labios y los deslizo suavemente dejando que se lubriquen. Alzo la mirada, tenía mi cara hundida en su cuello, y decido cogerla en brazos para llevarla hasta el sofá anaranjado que hay en su salón pero la coloco sentada sobre unos de los reposabrazos, para empujarla después hacia atrás y que la parte baja de su espalda quede apoyada en él, con su sexo hacia arriba, a mi total disposición. Ella me mira interesada, con cara de deseo. Separo sus piernas tras arrancarle las bragas y me coloco entre ellas. Sigo trabajando con mis dedos su clítoris suavemente. Ella se entrega al placer, dejando sus brazos muertos sobre el sofá y por encima de su cabeza. Ni la he desnudado y ya está muy excitada.
Le separo los labios para agacharme de rodillas y acercar mi cabeza a su sexo. Con el calor de mi boca atrapo su clítoris. Su respiración es agitada y sus suspiros cada vez más fuertes.
Succiono sus labios, con la punta de mi lengua acaricio su clítoris hasta que los gemidos son tan altos que deben molestar a los vecinos. Saco mi pene del bóxer y me inclino sobre su vagina empujándolo con la mano para hacérselo entrar. Ella separa más sus piernas para dejarme espacio y con rapidez entro en profundidad, ella da un gritito y empiezo a moverme con fuerza porque me da muestras de que quiere más. Estoy seguro que sería de las que te arrancan la piel de la espalda con las uñas, así que esta posición es la ideal para mí porque no llega a alcanzarme con los brazos. Ella grita y grita, parece que la estuviera matando, de placer. Mi pelo se mueve al ritmo de las embestidas. Al estar más inclinado sobre ella, logra agarrarme, me atrapa con sus piernas, se cuelga de mis hombros y me hace caer sobre su cuerpo pero no dejo el ritmo y por fin, su último grito abrazándome con fuerza contra ella.
Entiendo que debo parar y hago un esfuerzo porque aunque haya contenido mi orgasmo no es que no quiera tenerlo. Me retiro y me voy al baño a acabar, porque el subidón empieza a hacerme daño.
Cuando termino y me visto, me da un sobre con un montón de dinero. Me sonríe y me acompaña hacia la puerta. A parte de gemidos, no hemos dicho ni una sola palabra. Espero que la próxima sea más habladora.
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