-Estos se piensan que “me la dan con queso”.
Cuando oigo la puerta de U-jin y al poco la de Rafael, salgo tras ellos intentando que no me vean. Les sigo hasta el parquin dónde cogen un ¡pedazo coche que no he visto en mi vida!
Tengo que subir corriendo hacia la recepción y tomar un taxi de los que suelen haber en las entradas de los hoteles para poder seguirlos.
¡Por suerte lo consigo!
La taxista pone una cara divertida cuando le pido como en las películas…
-¡Sigue a ese coche!
-¿El cabrio?
-No sé, el descapotable ése con dos tíos buenos.
-¡Ah! Vale, por los tíos de acuerdo. Por el coche, tampoco es tan extraordinario -bromea guiñándome un ojo con cara pícara.
Cuando salimos de las luces de la ciudad y vamos a un barrio bastante terrorífico, le pido que aminore para que no nos vean porque ellos también han reducido la velocidad. Paramos un poco más atrás cuando ellos bajan del coche. Rafael le da un golpecito cariñoso en la espalda de U-jin y este asiente apesadumbrado con la cabeza.
Después rodeando unos setos, parecen entrar en una gran nave industrial. No tengo ni idea de qué hacen aquí pero me huele todo muy mal.
-Este no es un buen barrio -reconoce la taxista.
Eso me preocupa pero quiero tranquilizarla.
-Esos dos son amigos míos. Uno es abogado y el otro, bueno, lo del otro es igual. La cuestión es que ellos no pueden estar haciendo nada ilegal.
-Si tú lo dices…
A los pocos segundos, unos tipos y una mujer con una larga trenza aparecen de la nada, vestidos todos de negro y armados hasta los dientes. Se ocultan en la penumbra, acercándose lentamente. La mujer observa medio agachada tras los setos, lo que ocurre dentro de la nave donde han desaparecido anteriormente Rafael y U-jin.
-No sé yo si estamos en el lugar más adecuado -comenta la taxista- sería mejor que nos marcháramos de aquí.
-Yo no puedo, vete tú -le sugiero pagándole la carrera.
Ella se marcha con su coche y yo me quedo allí, plantada en la acera más sola que la una. No sé lo que está pasando pero no puedo irme sin ellos.
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