Me lo había pasado en grande con Raquel y tenía la suerte de tenerla tan cerca que si la llamaba desde casa a «grito pelado», me oía. No necesitaba teléfono. Podíamos hacer morse a través de las paredes, la lástima es que ninguna de las dos sabía.Mi padre volvió a la hora de la comida,Sigue leyendo «Episodio 7 «Eloise, ¿Por qué sonríes al mar?»»