Episodio 22 (Susana)

Algo ha pasado con la mujer policía. ¡Estoy segura! Rafael ha madrugado para encontrarse con ella y vuelve al hotel con cara de resignación.

-¿Qué ha sucedido? – le interrogo preocupada.

-El pasado.

-¿Te has acostado con ella?

-¡No!, pero casi.

-¡Algunas mujeres somos peores que la peste!

-No ha sido culpa suya.

-¡Seguro!! -afirmo con ironía- ¡Me lo puedo imaginar! Ella provocándote para conseguir lo que quería.

-Sí, sabía a lo que iba y me lo han confirmado sus gestos y su mirada nada más entrar, pero ella no es culpable. Toda esta historia me ha hecho rememorar un pasado muy oscuro de mi vida. Ella sólo quería mi cuerpo, en eso estamos de acuerdo, pero no hay nada malo en ello. Soy yo y mi interpretación de los hechos. Samantha es una buena persona y en este momento, lo único que necesito de ella es su faceta profesional, quizás ella necesitaba la mía.

-Pero la tuya es ser abogado, ya no eres acompañante. Tú mismo lo has dicho, fue tu pasado, no tu presente.

-Quizás esté equivocado y no debería haberlo dejado porque ese pasado no para de perseguirme.

-¡Deja de decir tonterías! Estás afectado. Tú eres más que tu cuerpo.

-Espero que Adriana piense lo mismo que tú. Me preocupa herirla. Por eso estás tú aquí porque a ella no puedo contarle nada aun. Bernardo no tiene que saber que estamos juntos.

-Adriana te conoce bien y conoce tus motivaciones. Sabe que si vuelves a caer es porque te estás torturando. Por eso no aceptó cuando le pediste matrimonio, aunque tú no haces más que decir que estás casado.

-Es mi forma de poner límites a los demás, algo que en principio parecen entender mejor que mi negativa. Aunque obviamente no siempre es así. Para mí, Adriana y la niña son mi familia. Estamos juntos. Eso es suficiente para mí. Adriana quiere darme libertad, por eso no acepta casarse conmigo. Quizás piensa que estoy con ella por la niña. Lo cierto es que cuando me enteré de su embarazo, me sentí traicionado y en lugar de tratarla como la persona que es, la traté como el resto de mujeres que se habían aprovechado de mí, hasta que logré calmarme y ver las cosas claras. ¡No sé cómo llegó a perdonarme!

-Muy sencillo, porque sabe quién eres, un buen hombre y cómo te había tratado la vida. Eso te disculpó. Y que supiste pedirle perdón y a ti nadie se te puede resistir -termino bromeando.

-¡Ya! es mi don y mi perdición.

-Pues tienes que vivir con eso y ya te advierto que no va a cambiar. Porque tu atractivo y tu sensualidad la llevas dentro, no eres sólo una cara y un cuerpo perfecto. Ella no está contigo por tu cuerpo, aunque vuestra relación empezara de ese modo.

-Lo sé, ni ella ni yo pudimos mantener la distancia profesional. Nos preocupábamos demasiado el uno por el otro. Por eso ahora temo herirla. No temo que se vaya y me deje. Lo entendería, es difícil compartir la vida con un tipo como yo. Lo que temo es que pueda sentirse traicionada. Con Samantha he podido parar, sólo he querido pagarle su trabajo dándole lo que esperaba de mí, pero no le he dado mi cuerpo. Sólo mis acciones.

-Creo que imagino lo que ha pasado. Igualmente, esto te va a traer problemas y te adelanto que no serán con Adriana.


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