Bienvenida. Dicen que a veces nos guardamos las verdades más profundas bajo llave, pero aquí las palabras se escriben sin filtros.
Este espacio está reservado para las confidencias. Para esos pensamientos que asaltan a medianoche, los recuerdos que queman o esa frase que se quedó grabada en la piel y que nunca nos atrevimos a pronunciar en voz alta. Hay palabras que no se gritan a los cuatro vientos… se dicen al oído.
Deja tu nota en este diario
- ¿Un pensamiento rápido? Escríbelo en una línea antes de que se desvanezca.
- ¿Una dedicatoria o un saludo? Me gustará saber qué te trajo hasta este refugio.
- ¿Un secreto o una confesión? Déjalo fluir aquí abajo.
No necesitas registros ni contraseñas. Pon tu nombre o un alias, y escribe. Cada pequeño mensaje se grabará en las páginas de este diario y viajará por los buscadores de internet para que otras almas libres encuentren este rincón. Yo estaré al otro lado, leyéndote en silencio y respondiéndote en tinta digital.
Pasa, ponte cómoda y cuéntame algo al oído…
Luché por ése amor que hizo tambalear mi vida hasta sus cimientos. No era mi profesora pero tenía 20 años más de experiencia en escudos y dar esquinazo a los sentimientos, Tuvo miedo de perder su posición y fue cobarde al apostar porque había salido herida de su anterior relación. Yo amé, me destrocé y sobreviví. En cambio, ella no ha podido olvidar lo que fue. Se ha quedado anclada en aquellos momentos felices que disfrutamos. Cuando alguien pone alma y pasión es difícil pasarlo por alto. Pero en el amor hay que dar lo que se te ofrece o lo que das, es dolor. No puedo decir que soy inmune a sus «te echo de menos» pero no quiero volver al infierno. El tiempo la hace consciente cada día de que lo más verdadero que ha tenido en su vida era yo. Ella se protegía porque su expareja la había traicionado y ahora soy yo quién se protege del daño que ella misma me causó. Sólo le queda rememorar nuestros encuentros que yo me encargué de relatar en mis novelas. Yo sé que ella los lee y relee pero no hablamos de ello, es nuestro pequeño secreto para no hurgar más en la herida de los dos.
20 años menor que tú y tenía tanto que enseñarte…
…Creo que ninguno de los dos quiere
pensar en el “tema” porque no lo
hablamos.
-Esta noche vamos a recordar viejos
tiempos.
-¿Viejos tiempos? Tú y yo acabamos
de conocernos, no tenemos viejos
tiempos en común.
-Espero que sí… -Le he notado
sonreírse y ha colgado. ¡Qué manía
tiene con dejarme con la intriga!
¿Qué serán viejos tiempos para él?
¿Vestirse con tupé y minifalda? ¿O
con pantalones pata de elefante?
¡Cualquiera lo adivina!
Cuando salgo a la calle, veo a Rafael
mal aparcado delante de casa en un
utilitario rojo. Conduce él.
-¿Cuantos coches tienes? -pregunto al
subir al asiento del acompañante.
Sonríe con suficiencia pero no
responde sino que arranca.
Va vestido con camiseta de manga
corta negra y jeans, como un joven de
lo más normal. Hay que ver lo
engañosas que son las apariencias. Él,
de normal, no tiene nada en absoluto.
Rafael respeta todos los semáforos y
me sonríe cuando deja de conducir,
intuye que estoy nerviosa. Las
situaciones a las que me somete son
siempre una incógnita, tan sólo sé que
disfrutaré de formas que jamás había
disfrutado antes y a niveles
impensables. Anticiparme a ello me
hace temblar.
Estoy tensa, agarro mis brazos con
fuerza intentando disimular. Si no me
reprimiera, me temblarían hasta los
dientes.
Esta noche la intuyo especial, noto el
poder de Rafael sobre mí.
Detiene su coche en una gasolinera
que está de camino y compra dos
helados de tarrina con sabor a vainilla
y nueces de macadamia y las deposita
en el pequeño compartimento-nevera
de su coche.
Cogemos una carretera de curvas que
lleva a la parte alta de la ciudad, una
montaña con varios miradores. En
una de las curvas puedo ver toda la
extensión de la ciudad, sus luces y al
fondo el mar. Rafael me mira y me
sonríe. Las vistas son extraordinarias.
Pensé que pararíamos a disfrutarlas
como algunos de los enamorados que
vamos encontrando. Hace una buena
temperatura y muchos están sentados
en el capó de su coche observando la
ciudad como si de una pantalla de cine
gigante se tratara pero seguimos
subiendo carretera arriba.
Cuando estamos casi en la cima, se
desvía por un camino mal asfaltado
que hace bajada. No se ve ni una luz
cercana, tan sólo las luces de nuestro
coche en una noche cerrada en la que
no hay ni estrellas. Pasamos por una
gran masía con luz en el portal y la
dejamos atrás adentrándonos más y
más en una vegetación de árboles
imponentes. A los lados, la hiedra
cubre los árboles, alguno caído entre
ellos también está cubierto. No se ve
la tierra, tan solo hojas por todo el
suelo. Parece mentira que pueda haber
algo parecido a una selva en medio de
la ciudad.
-¿A dónde me llevas?
-Ten paciencia… -me dice con calma
y una sonrisa -Quiero que vivas
esto…
Rafael para el coche un momento y
apaga las luces. Afuera, la noche deja
ver los perfiles de los árboles y ramas.
En lo alto, el cielo azulado. Abre la
ventanilla del coche y el frescor de la
zona entra haciéndome tiritar. Siento
los nervios y el frío.
-Escucha el silencio…
No se oye nada, tan solo el murmullo
de un riachuelo cercano.
-…Me da un poco de miedo, tan
oscuro…
-Estás llena de miedos, Adriana y te
pierdes lo bello de la vida. Las únicas
cosas por las que vale la pena vivir. Tu
vida está repleta de compromisos,
preocupaciones y miedos. Raramente
te dejas llevar como cuando eras una
adolescente.
-¿Y eso me lo dices tú? -le pregunto
en referencia al “tema”
-Esto no tiene nada que ver. La
naturaleza no va a hacerte daño.
Dicho esto, vuelve a encender las
luces y pone el coche en marcha.
Hay algo misterioso en lo que no
quiere contarme. No sé si algún día
lograré conocer a la persona que
intuyo maravillosa en Rafael.
83Seguimos varios metros por camino
sin asfaltar. Rafael gira el coche hacia
la vegetación y la ilumina con los
faros. Entre medio de los arboles hay
una pequeña obertura y poco a poco
mete el coche en ella. Acabamos
cubiertos de vegetación.
Le miro interrogante.
-¡¿No me digas que en tu juventud
fuiste lo suficiente aburrida como para
no perderte con tus novietes en sitios
como éste?! -me pregunta sorprendido
encendiendo las luces del interior del
vehículo.
-Bueno… sí lo hice, buscando la
oscuridad, el cine, mi casa o la suya
cuando no estaban sus padres…Pero
los descampados me daban miedo.
-¡No puedo creérmelo! -me dice con
una carcajada.
Rafael saca los helados de la nevera y
me ofrece uno.
Empiezan a caer pequeñas gotitas de
lluvia sobre el parabrisas, por eso no
se veían las estrellas. Cierra la ventana
hasta dejarla un dedo abierta, lo justo
para que entre el olor a tierra mojada.
Pone algo de música romántica y me
mira sonriendo mientras con la
pequeña cucharita que llevaba el
helado, coge un trozo y se lo lleva a
los labios para hacerlo desaparecer en
su boca. No puedo dejar de mirarlo y
sonrío también. Con él, las cosas
suceden de forma natural y eso que
teniendo en cuenta su profesión,
debería ser lo contrario, casi forzado.
Pero él siempre está calmado, si se da
la ocasión bien, sino será otro día,
nunca tiene prisa por cumplir, ni por
cobrar. No hemos terminado los
helados cuando me besa. Su boca sabe
a helado.
-Ven… -me dice levantándose y
pasando a los asientos de atrás.
Aprieta el cierre automático de su
llavero y los seguros de las puertas se
85cierran. Ahora me siento un poco más
segura y le sigo los pasos pasando
entre los dos asientos delanteros.
-Vas a vivir algo que deberías haber
vivido hace mucho…-dice besándome
de nuevo suavemente-
. Si hubieras
perdido la virginidad conmigo,
hubiera intentado ser muy dulce
contigo.
>>…Hubiera desabrochado tu camisa
botón a botón, sin prisas, mirándote a
los ojos -lo dice mientras lo hace y yo
empiezo a sentir escalofríos.
>>…La hubiera deslizado por tus
hombros mientras los besaba.
>>…Hubiera desabrochado tu
sujetador admirando tu desnudez – se
muerde el labio y luego me sonríe.
>>…Me hubiera quitado mi camiseta,
para quedarme igual que tú.
-Me encanta como se quita la camiseta con
gesto masculino para mostrarme
todos sus músculos.
>>…Me hubiera acercado a ti para
poderte hablar al oído. -Se tumba
sobre mí y los dos nos deslizamos un
poco sobre el asiento triple.
-Te deseo… -me dice bajito y al oído.
Me desabrocha…
Episodio 9 “Un seductor de pago”
https://novelascamr.com/un-seductor-de-pago/
Todavía hoy me estremezco cuando tomo esa carretera de curvas y paso por la gasolinera donde compré el helado de vainilla y macadamia.
Hay pequeñas cosas que me hacen feliz en varios lugares de mi casa. Un pequeño altavoz a prueba de agua en la ducha, earl grey siempre disponible en la cocina que me recuerda mis viajes a Escocia, un recuerdo de mi infancia en mi habitación y un recordatorio de que logré superar un amor difícil de superar pese a mi juventud, que hace que mi valor sea mayor al de la mujer que sigue buscándome pero que nunca ha aprendido a amar. No son cosas que cuesten dinero sinó cosas con significado. Y vosotras? Qué cosas con significado conserváis?