Rafael me ha dado otra dirección aquí en Venecia. Dice que me pagarán muy bien. Igualmente, me ha advertido que si algo se tuerce, le llame y lo solucionará.
Las instrucciones aún me parecen más misteriosas.
Me deja el cabrio para que vaya hasta la Riva degli Schiavoni, junto al Monumento a Vittorio Emanuele II. He de parar antes, en una tienda de ropa exclusiva dónde está todo preparado para que salga de allí, vestido. Parece ser que no he de oponer resistencia.
Cuando llego a la tienda y le digo al dependiente que vengo departe de Rafael Manverge, va a buscar al que me parece el encargado. Un hombre muy estirado en traje chaqueta.
-¡Pase, por favor! -me indica, aunque no me mira directamente a los ojos, parezco avergonzarle.
Le hago caso y entramos en un vestidor enorme. El dependiente de la entrada trae varios colgadores, y me pide que me vista con lo que se supone hay bajo grandes forros de tela blanca.
En el probador, aprovecho que nadie me ve y me fijo en los precios de cada artículo. No llevan etiquetas colgando, sino unas discretas tarjetas en los bolsillos, en las que está anotado:
Chaqueta Cruzada, azul Cobalto en lino-seda, 3800€
Polo de punto fino de seda y cachemira (Crema/Marfil) con cuello «Johnny» (sin botones) 1.500€.
Pantalón Sastre Blanco Roto con ajustadores laterales (side adjusters) y sin trabillas para cinturón 900€
Mocasines italianos de Ante (Loafers) en color Azul Marino: alta calidad 1.450€.
Reloj Cronógrafo Náutico: acero con movimiento automático 30,000€
Gafas de Sol: monturas de acetato transparente de calidad con lentes degradadas. 450€.
Pañuelo de Bolsillo de Seda dorado con bordes enrollados a mano 230€.
¡¡¡O sea, que yo así vestido, valgo casi 40.000€!!! ¡No sé si echar a correr!
Cuando salgo del probador, el encargado me mira de arriba abajo desde una distancia que le da perspectiva, como si admirara un cuadro en un museo, pausándose en cada parte de mi ropa y murmurando para sí y su dependiente:
-La chaqueta resalta por su ligereza y su caída impecable… El brillo de la seda del polo destaca con el color oscuro de la chaqueta. Sin botones es más juvenil y el cuello descansa sobre las solapas de la chaqueta de forma más natural, y todo hay que decirlo, sexy -comenta haciendo un giro con la mano, como si fuera una revelación- El dorado del pañuelo sobre el azul cobalto es una combinación infalible que transmite energía y confianza. El pantalón blanco corte tapered, proyecta frescura, se estrecha hacia el tobillo y apenas roza el zapato. Por supuesto, sin cinturón. Un pantalón de lujo se ajusta con hebillas laterales. Mocasines de ante oscuros para un anclaje visual elegante. Gafas de acetato modernas y atrevidas; y para acabar, reloj deportivo y lujoso. Lo tenemos todo y ¡está perfecto! -finaliza orgulloso- Tráeme el perfume -le manda al dependiente y me fumiga el cuello con un perfume del que distingo el olor de bergamota, romero y algo más amaderado que podría ser sándalo. Visto lo visto, me imagino lo que debe costar.
-¡Esta usted listo! Ya puede dirigirse al punto de encuentro.
Me acompañan a la salida sin decir nada más, y yo estupefacto empiezo a pensar que no soy más que una oveja bien vestida que llevan al matadero, pero no me voy a dejar matar. Si tengo que luchar, pueden prepararse.
Al mismo tiempo, hay un halo misterioso que me atrae y como confío en Rafael, decido dejarme llevar por la situación e intentar pasármelo bien como él me ha recomendado. Nunca antes había tenido ocasión de vestir ropa tan absurdamente cara.
Cuando llego al punto de destino, me doy cuenta de que es un puerto con amarres. Llego puntual y al minuto, sale del hotel de enfrente, una mujer despampanante con un vestido largo de los que quitan el hipo. Un escote en la espalda y tirantes muy finos de una tela que parece seda en color oro rosa. Unos pendientes de aro en forma de gota de agua y unas sandalias también doradas.
Se acerca hacia mí y me quedo casi sin respirar, cuando decidida, se coge a mi brazo y me lleva hacia un barco-taxi de madera, de los que te llevan a los yates que no han podido entrar en el puerto por su tamaño. Así que me hago una idea de a donde vamos.
Cuando entramos en la cabina, nos quedamos a solas, los vidrios tintados nos proporcionan intimidad, entonces ella se dirige a mí.
-¿Cómo te llamas?
Tiene una voz seductora que me encanta. Creo que acabo de sufrir un flechazo.
-U-jin
-De acuerdo, U-jin, tienes que saber que me dedico a lo mismo que tú y que conozco muy bien a Rafael. Así que entre tú y yo no ha de ocurrir absolutamente nada, ¿entendiste?
-Muy claro.
-¡Perfecto! Vamos a un yate, no tardaremos más de 5 minutos y vamos a pasar desapercibidos. Tú con mi amiga Alessandra, y yo con mi novio Theodor. ¿Me sigues?
-¡Por supuesto! Alessandra será mi pareja.
-¡Muy bien!
Cuando llegamos a la altura del yate, toca desembarcar, La nave es espectacular y parece estar celebrando una fiesta porque en cubierta hay guirnaldas en las barandillas con hojas verdes y rosas blancas.
Tenemos que descalzarnos nada más entrar en la cubierta de tarima de madera y los miembros de la tripulación son los encargados de recoger nuestros zapatos y guardarlos en bolsas de algodón con nuestros nombres. Espero que no se me pierdan los putos mocasines porque cuestan un ojo de la cara.
-Ahora piérdete, mi amiga te encontrará. Eres el único con rasgos coreanos en el barco. Espero que sepas comportarte o lo pagará Rafael con su reputación.
Ella desaparece en busca de su novio y yo veo su silueta vaporosa alejarse como si fuera un anuncio de perfume glamuroso.
A los pocos minutos mi móvil vibra, lo tengo en silencio en el bolsillo de la chaqueta.
-¿Te lo estás pasando bien? -pregunta con recochineo Rafael.
-¿Esto es algún tipo de venganza?
-No, pero me divierte verte descolocado. No será la única vez que te encuentres así.
-Tengo la sensación de que quieres verme sufrir.
-¡Te equivocas! Recuerdo una situación igual a la tuya como la mejor que me pasó en años. Relájate y disfruta.
Colgamos y veo a una mujer que se acerca hacia mí a pasos lentos e insinuantes.
Imagino que es mi “rollo”. No está mal, mediana edad, aspecto cuidado.
-¡Hola!
-¡Hola! -me acerco a darle un beso en la boca y ella se deja, aunque parece asombrada. Quizás es que los ricos no hacen estas cosas.
-Eh… no esperaba tanta efusividad. ¿No eres de aquí? ¿Es otro tipo de cultura la tuya?
Empiezo a sospechar algo raro y entonces, aparece la chica maravillosa cogiéndome de nuevo del brazo.
-¡Está un poco bebido, perdone! Se marea solo con subir al barco -me disculpa.
-Nada, no te preocupes. No voy a quejarme- responde la besada sonriendo.
La chica me arrastra a un rincón muy enfadada y me riñe.
-¡¿Pero cómo la puedes cagar tanto?!
-¡Oye, hago lo que puedo! si me das algo de tiempo, lo puedo hacer aún peor.
Me mira extrañada y se le escapa una sonrisa.
-¡Vale! ¡De acuerdo! Mi pareja aún no ha llegado, así que te acompañaré hasta que encontremos a la tuya.
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